El Real Madrid Gana Al Sevilla Y Se Pone Lider

marzo 7, 2010

El Madrid se acuesta líder después de un triunfo grandioso, trabajado río arriba durante un partido intenso, desafortunado, en el que regaló dos goles, estrelló tres palos, se enfrentó a un equipo sólido y a un gran portero, Palop, que cada año parece un poquito mejor. Frente a todo eso se superó, buscó y buscó y desató el delirio en su afición. El “¡Así, así, así gana el Madrid!” atronó al final en el Bernabéu, en el sentido inverso al que se le dio en Gijón, donde alumbró como grito crítico. Coreado en homenaje a un equipo grande, resistente a la derrota, que sabe exprimirse hasta el último gramo.

Hace unos días dijo Pellegrini con audacia que éste es el mejor Madrid en quince años. Ahora lo puede decir más seguro. Es un equipo que juega y es un equipo que lucha hasta el final. Llevamos años viendo las dos cosas por separado: la elegancia indolente de los galácticos o el fuego loco del ‘Clavo Ardiendo’, esa sucesión de tardes heroicas que nos dejaban aturdidos. Ahora hay un equipo que gana por fútbol y que, cuando eso no le alcanza, saca lo otro: el resto físico, el coraje, la constancia, la raza ganadora. Un Madrid que va cuajando y en el que merece la pena creer. Sólo me queda la duda de Kaká.

Y el Madrid es líder además porque el Barça no ganó. Lillo, inspirador del fútbol de Guardiola, tiene en su cajón también apuntes de Maguregui y tiró de ellos. Le ayudó el nerviosismo del Barça, al que le empiezan a gritar “¡Villarato!” y no le gusta. Ayer una cesión mal pitada desencadenó los demonios, que crecieron cuando la falta del primer gol, para mí falta real, sólo que hace tanto que no se pita una cama en ningún campo que nadie se acuerda. Ibrahimovic fue víctima de sí mismo, de un mal colega y de un mal linier. Guardiola acabó fuera y hablando de villarato. La conclusión del día es que uno crece y el otro mengua.

Cuando el partido se convierte en cuestión de orgullo, gana el Madrid; cuando se involucra el Bernabéu, gana el Madrid; cuando lo merece, cuando el rival se encierra, cuando ya no importa tanto el fútbol, ni la pizarra, cuando se desata la tormenta perfecta, la ciclogénesis explosiva. Entonces, gana el Madrid. Y cuando el Madrid gana de esa manera también suele ganar la Liga. Lo hemos visto antes. Un buen día, una buena noche que puede ser de perros, el equipo adquiere una confianza que es como un manto mágico. Desde ese instante todas las monedas caerán de su lado, todos los tréboles serán de cuatro hojas, cada boleto premiado. No invento nada. Ya lo hemos visto antes.

Quedará entre los pecados del Sevilla el haber despertado a la bestia. No había tenido noches así el Madrid. Sumaba puntos y goles para satisfacción del entrenador, pero le faltaban proezas y las hazañas verdaderas necesitan de un gran enemigo y de una gran adversidad. Hubo de cada cosa, si bien la grandeza del adversario duró poco más de 20 minutos, el tiempo de marcar un gol y disfrutar del desconcierto ajeno. Después el Sevilla se concentró únicamente en defender el resultado y hay que decir que en ese empeño tan poco romántico se conformó con todos los marcadores menos el último. De eso murió. Se puede ganar al Madrid jugando al fútbol, pero es imposible vencerlo en el Bernabéu jugando a que pase el tiempo.

Tras una irrupción deslumbrante, el Sevilla se encogió tanto que se desconectó de sus alas, que son su fuerza. Así nació el primer tanto, de una carrera de Navas y de un último pase de Capel que empujó, sin quererlo, Xabi Alonso.

Lo que siguió fue un boxeador que se pone en pie y escupe el golpe sacudiendo la cabeza. Y que vuelve a empezar de nuevo, uno-dos, uno-dos. Todavía no había ni gloria ni hazaña, pero se iniciaba el camino. Insistiendo, chocando y volviendo a chocar. Contra Palop.

En esos minutos del primer asedio Cristiano se empeñaba en hacerlo todo y no había quien le chistara. Daba la impresión de que no había nadie mejor para sacar los córners y cabecearlos, para empezar y terminar las jugadas, para asistirse y rematarse.

Cuando Dragutinovic consiguió el segundo gol por incomparecencia de Casillas la montaña alcanzó la altura de los milagros. Por allí trepó el Madrid. Con la autoridad moral de quien hizo más, con la compañía del estadio, con Cristiano, Guti e Higuaín. También con Ramos. El club de los corazones desbocados. Los hombres-lobo.

El arreón. Recortó Cristiano y nos invadió el deja-vú: lo habíamos visto antes. Guti disparó al larguero y acto seguido Ramos empató con celebración de dos rombos. Ya soplaba el huracán.

Fue el turno de Higuaín, tiburón de estos mares, olfateador de miedos. Estrelló dos balones en los palos que tuvieron el efecto de acelerar la ventisca. Lo demás fue un drama espléndido, un tiroteo.

El gol del triunfo lo marcó Van der Vaart aunque pudo ser cualquiera. La empujó el viento. Así ocurre: cuando el Madrid inclina el mundo todas las monedas caen de su lado. Suerte, dicen.

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El Real Madrid Gana Con CR9 Lanzado

febrero 21, 2010

No hubo debate en el Santiago Bernabéu. No lo permitió Cristiano Ronaldo. El madridismo anda inquieto desde la derrota contra el Lyon en Champions, pero en la Liga, esas dudas las ahuyenta el portugués a base de goles, de golazos convertidos con esa pegada única y maravillosa, de velocísimas galopadas y de asistencias. El portugués sostiene al Real Madrid y todo lo que es o puede llegar a ser este equipo queda reducido a la inspiración de Cristiano, que marcó un gol y participó en otros cuatro. Así es y así parece que será. Él solo compensa el juego irregular, discontinuo y poco atractivo del conjunto que entrena Manuel Pellegrini, al que no se le adivinan dificultades para mantener el pulso al Barcelona en la Liga, pero que necesitará algo más para tener voz en Europa. En la Liga le alcanza con lo que hay, que no es poco: una defensa sólida, el equilibrio de Xabi Alonso en el centro y la efectividad en ataque. Sigue de cerca los movimientos del Barça, del que le separan dos puntos, una distancia insignificante si el rival no fuera el Barcelona. Pellegrini aplastó sin piedad a su pasado, aunque para hacerlo, su equipo se apoyó más en la pegada que en el juego.

Cristiano ilusiona a su afición con la misma facilidad que le desespera Kaká, que tiene destellos de la gran estrella que fue, pero que no logra dar continuidad a sus acciones. Son pinceladas aisladas, pequeños retazos de un genio que no logra pintar un cuadro completo. Kaká se mostró más participativo de inicio, pero en la zona equivocada, donde su influencia en el juego es nula. Se empeñó en bajar hasta el centro del campo para recibir el balón, maniobra con la que desnudó la mediapunta, la zona donde debe aparecer y hacer crecer al Madrid, y entorpeció los movimientos de Xabi Alonso, quien deber ser el encargado de iniciar la salida del balón. Un error táctico y de conceptos. Si el futbolista no lo ve, alguien debería mostrarle el camino. Es algo que se trabaja. Los dos goles que marcó sirven para engañar a la estadística, pero no para hacer olvidar la poca influencia que tiene en el juego. Convirtió el primero de penalti, después de un derribo tan claro como involuntario de Marcano a Higuaín, y el segundo se lo regaló Cristiano después de una acción individual. Los aplausos que le regaló el Bernabéu cuando fue sustituido por Raúl más parecieron un intento de elevarle la moral que un reconocimiento a su aportación.

De todas las dudas sobre el juego del Madrid, de todas esas divagaciones nos saca siempre Cristiano, un futbolista excepcional que suma 18 goles en 19 partidos con el Real Madrid, una cifra sideral. Contra el Villarreal nos volvió a regalar otro golazo de falta, convertido con esa pegada tan personal y tan trabajada. Porque con ese golpeo se nace, pero sin trabajo es imposible alcanzar la perfección lograda por Cristiano. Continuó exhibiéndose durante toda la noche y acabó con el primer intento de reacción del Villarreal al poco de comenzar el segundo tiempo. Pase magnífico de Arbeloa y galopada del portugués, que arrancó en posición correcta y puso un balón perfecto para que Higuaín firmara el tercer gol.

Con espacios, Cristiano es imparable y el Villarreal nunca supo negárselos. Se sintió cómodo el portugués como pocas veces desde que aterrizó en el Bernabéu. Con tiempo para pensar y sin nadie cerca ideó la jugada que dio origen al cuarto tanto del Madrid y segundo de Higuaín. Rompió la defensa rival con un pase entre líneas a Marcelo, que subió bien la banda para poner el balón justo donde aparecía Higuaín, quien ya sumá 14 tantos este curso.

La generosidad del portugués no tenía límites esta noche y aún tuvo tiempo para regalar un gol a Kaká y fabricar un penalti, cometido por Pires, que convirtió Xabi Alonso, quien se estrenó como goleador con el Madrid. Cristiano estuvo maravilloso, desequilibrante, letal en el disparo, generoso en el esfuerzo y con sus compañeros. Huyó del individualismo y puso su enorme potencial al servicio del equipo.

Con sus movimientos, Cristiano ejecutó al Villarreal y cerró definitivamente un encuentro que nunca consiguió abrir del todo el conjunto que entrena Garrido, que jugó buena parte del partido andando. Y nada le gusta más al Madrid que tener delante un rival así, manso y que trata bien el balón. La ventaja que tuvo el Villarreal es que algunos futbolistas del Madrid también se movieron andando. Reforzó Garrido el centro del campo con un trivote, esa maligna innovación táctica que alguien ideó para no dejar jugar al rival, sin calcular los efectos nocivos que provocan en el juego propio. Ni una cosa ni otra esta vez. Senna, Matilla y Bruno sufrieron para contener a los rivales y apenas generaron fútbol. Nunca conectaron con Marco Ruben, David Fuster, abiertos a izquierda y derecha, y Nilmar, aislado en ataque. Parecieron dos equipos en uno. Mejoró algo el equipo con los cambios, en especial con la entrada de Pires, que le dio ese toque y esa lucidez que no tuvo en el primer tiempo.

Los dos goles, el primero un golazo de falta de Senna, y el segundo convertido por Nilmar después una gran acción colectiva no pasaron de ser una anécdota para un equipo que este curso perdió muy pronto el paso y que en el Bernabéu pareció una sombra de lo que no hace mucho fue.

Aprovechó la comodidad del resultado Pellegrini para que disfrutaran de minutos Diarra, que ocupó el sitio del insustancial Lass, y Van der Vaart, quien reemplazó a Granero y fue recibido con una ovación. Ver para creer.


El Real Madrid Gana Con CR9 Y Kaká A Tope

febrero 14, 2010

Hay quien sólo quiere ver en él su lado menos agradable, ese espíritu indomable y chulesco con el que se maneja en ocasiones. Aunque no debe ignorarse ese perfil, sería muy injusto reparar sólo en ello y olvidar las enormes cualidades de quien es uno de los dos mejores jugadores del mundo, Cristiano Ronaldo, que volvió después de la sanción y dejó su firma en dos goles. Él solo no ganó el partido, pero por momentos pareció el único con interés y recursos suficientes para hacerlo. Siempre se ofrece, nunca se esconde y aporta más soluciones que problemas. Cuando el fútbol no aparece, al Real Madrid siempre le queda el recurso de agarrarse a Cristiano para que él solucione el problema. Así fue en Xerez, donde contó con la decisiva colaboración de Arbeloa, un profesional del fútbol, acostumbrado a destruir lo que crean los rivales y que esta vez fue protagonista en la portería rival. Suyo fue el primer gol, el que abrió el camino de una victoria que durante demasiados minutos se puso en duda. No fue el mejor día del Madrid, que tiró de pegada y de Cristiano para ganar al colista. Lo único de lo que puede presumir esta vez el Madrid es de haber sumado tres puntos. Nada más.

Dijo una vez el maestro Di Stéfano que jugar en un campo con el césped en mal estado tenía el mismo efecto sobre el juego que si llenáramos de alpiste una mesa de billar. En el campo del Xerez es imposible jugar al billar e intentar una carambola se convierte en una osadía irresponsable, casi imposible de ejecutar. El pésimo estado del césped, donde había césped, condicionó a los dos equipos, pero más que a nadie al Real Madrid, nada acostumbrado a lucir su glamour en semejante patatal. Produce sonrojo que en la que se dice mejor liga del mundo se tenga que disputar un partido en un terreno que más parecía de cultivo que un campo de fútbol. Cristiano y Momo fueron de los que más sufrieron las consecuencias.

Puestos en situación del escenario en el que se celebró el choque hay que decir que el Real Madrid jugó mal, mostró su versión más gris y anodina. La coartada del campo no debe servir para justificar tan pobre imagen, un ritmo de juego tan bajo y una falta de continuidad tan grande. Es cierto que elaborar juego era muy complicado, pero a un equipo como el Madrid se le suponen, y se le deben exigir, imaginación y recursos suficientes para sobreponerse a las adversidades. Cuando se mide a un rival ordenado, que se cierra mucho y bien y que le niega los espacios, al Madrid se le hace de noche. Se empeña en jugar por el centro, apenas se acuerda de las bandas y hace de los balones colgados su principal recurso ofensivo. Un recurso de equipo pequeño.

La otra opción es dar el balón a Cristiano y dejar que el portugués gane la batalla. En esta lucha contra el mundo, Cristiano se mostró desquiciado por momentos, sufriendo más que nadie la impotencia del equipo. Lo intentó por tierra y por aire, con el pie y con la cabeza, pero todos los intentos fueron igual de infructuosos hasta que a falta de 20 minutos conectó un potente y preciso cabezazo a pase de Kaká para firmar el segundo gol del Madrid. En ese remate dejó Cristiano todo un manual de cómo se remata, cómo se gana la espalda a un rival y cómo se debe atacar un balón. Él nunca espera la pelota, siempre va en su busca. Dos minutos después consiguió el tercero, también a pase de Kaká. Un tiro sencillo con el portero fuera de su sitio.

Pero quien primero descubrió el camino hacia el gol fue Arbeloa, quien sólo unos minutos antes batió a Renan en un mano a mano después de una acción rápida, un latigazo aislado en medio del sopor general. Entre ese gol y el tercero apenas transcurrieron siete minutos, 420 segundos en los que el Madrid solucionó un partido feísimo, para olvidar.

Antes hubo el habitual espacio para la polémica, con tres penaltis que reclamó el Madrid, uno muy claro, otro dudoso y un tercero inexistente. Peor aún que el partido estuvo el árbitro, Turienzo Álvarez, que no supo estar a la altura. A los 24 minutos se le reclamó un penalti por derribo de Redondo a Granero, una acción dudosa. Ninguna duda dejó el manotazo que dio Aythami siete minutos después de la reanudación. En una falta sacada por Granero, el central del Xerez levantó el brazo de forma tan absurda como evidente. Un penalti claro que Turienzo mandó al limbo. Se discutía todavía sobre esa acción cuando Higuaín reclamó un penalti por mano de Casado, una acción totalmente involuntaria.

Reducir a esas acciones la incapacidad del Madrid para superar al Xerez sería ignorar la realidad, pero tampoco se debe negar que si el Madrid quiere quejarse encontrará motivos para hacerlo.

Con todo solucionado, con las jugadas polémicas convertidas en anécdota por los tres goles que llegaron después, Manuel Pellegrini dio descanso a Xabi Alonso y Kaká, muy grises toda la noche, y concedió minutos a Diarra y Drenthe, que se quedó a un pase de celebrar el cuarto con un tiro a pase de tacón de Cristiano que sacó Redondo en la misma línea. Antes, cuando el equipo todavía celebraba el gol de Arbeloa, Raúl sustituyó a Higuaín, que estuvo tan discreto como todo el equipo. No todos los días uno se puede vestir el uniforme de héroe.


El Real Madrid Sigue Ganando

febrero 7, 2010

El Real Madrid sería feliz jugando siempre contra el Espanyol, un equipo que en el Bernabéu no mostró nada de fútbol, porque no lo tiene, y facilitó la vida al Madrid como lo han hecho pocos rivales este curso. Los de Pellegrini agradecieron la generosidad visitante y ganaron sin problemas y sin polémica un encuentro sencillo, al que le faltó emoción y tensión y que le permite seguir la estela del Barcelona. A cierta distancia, porque esos cinco puntos no son cualquier cosa, pero continúa en la pelea.

No fue un ejercicio de fútbol brillante, nada que ver con la primera parte de Riazor, pero el nivel medio de este nuevo Madrid es superior al que mostraba al comienzo de temporada, cuando tan descompensado estaba, y con eso le alcanzó para superar al Espanyol. Muestra todavía enormes deficiencias y lagunas alarmantes, que le llevaron a desconectar cuando se vio con una ventaja de dos goles. Es una falta de concentración preocupante, que esta vez no tuvo consecuencias porque nunca se vio exigido por el rival.

Un Espanyol que por momentos intentó compensar sus enormes deficiencias, defensivas y de creación, con una agresividad mal entendida, que debió llevar a Márquez y a Osvaldo a los vestuarios antes de terminar el primer tiempo. Osvaldo vio una amarilla que debió ser roja por una patada de kárate a Albiol. Antes Márquez no fue ni amonestado por dar un plantillazo por detrás a Guti. Así es Pérez Burrull.

En cinco minutos ya había despejado el Madrid el panorama, con un cabezazo de Ramos a un buenísimo pase de Granero. Es imposible defender peor de como lo hizo el Espanyol en esa acción y en las que vinieron después. Cada balón colgado, cada acción de estrategia fue un sufrimiento extra para los inocentes pupilos de Pochettino. Se salvó Kameni, que completó una actuación brillante que impidió un destrozo mayor.

En el otro lado, Granero, que dio un curso acelerado de cómo se debe centrar. Tiene clase, pero le falta todavía confianza y continuidad. Notable en el primer tiempo y algo más discreto en el segundo, cuando fue engullido por la desidia que invadió a todo el equipo. Hizo varios intentos de escaparse del sopor general, pero entonces le faltó acompañamiento.

Cerca de la media hora todo quedó solucionado. Un nuevo pase de Granero fue bien cabeceado por Raúl, Kameni metió una buena mano y el rechace lo aprovechó Kaká para firmar el segundo. Mientras, los defensas del Espanyol sólo miraban. Antes del descanso tuvo un par de apariciones de mérito Kameni, con dos paradones a cabezazos de Raúl, a quien le sobró ansiedad para marcar, y de Benzema, muy gris toda la noche.

Con el gol de Kaká se cerró el partido y todo lo que vino después fue prescindible futbolísticamente hasta que cerca del cierre surgió Higuaín, que reaparecía, para marcar el tercero. Un tanto de clase y habilidad que contó con todas las bendiciones de la zaga del Espanyol. El argentino volvió como se fue, marcando goles.

Y es que el Madrid salió de los vestuarios andando y así pretendió consumir todo el segundo tiempo. No sufrió daño alguno por la debilidad del rival, porque el Madrid puso todo de su parte para que el Espanyol se creyera capaz de mirar a Casillas a los ojos. El Madrid se relajó en exceso, pero los de Pochettino fueron incapaces de sacar provecho de esa desidia con la que se manejó el equipo de Pellegrini. Amagaron sin hacer daño Iván Alonso y Osvaldo y dejó alguna filigrana el vallecano Marqués, muy pocos argumentos para salir indemne del Bernabéu.

Kaká rozó el tercero en un remate que acabó con el balón en el poste. Fue una acción ejecutada a cámara lenta por el brasileño, pero ni aun así fueron capaces de neutralizarla los del Espanyol.

Ante la falta de fútbol, el público buscó otras motivaciones para aguantar en el estadio y las encontró en los cambios. Despidió con una ovación a Guti, sustituido por Lass, y recibió aún mejor a Higuaín, que volvió después de su lesión y en 20 minutos hizo lo que no habían conseguido ni Benzema ni Raúl, marcar. También regresó Van der Vaart, uno de los pilares sobre los que se sostuvo el equipo en los peores momentos de la temporada.


El Real Madrid Gana Con Super Guti

enero 30, 2010

Nadie se acordó de Cristiano Ronaldo y de su sanción y quizá tampoco nadie había reparado en quién era el árbitro hasta el penalti cerca del final. La polémica que alimentó la semana y revolvió de mala manera el mundo del fútbol se acabó cuando Guti cogió la pelota y firmó una obra de arte. Un buen contragolpe del Real Madrid llevó al ’14’ hasta Aranzubia y cuando estaba delante del portero sorprendió a todos con un taconazo para regalar el gol a Benzema. Simplemente genial. Una acción llena de talento y clase. Decía Picasso que la inspiración siempre le encontraba trabajando y eso le sucedió a Guti esta vez. Cuando se aplica, no le cuesta sobresalir. Siempre le sobró talento y le faltó concentración. Los genios son así, inconstantes, pero cuando están iluminados, nadie brilla más que ellos. El partido ya se había comido 40 minutos y no fue una casualidad que se llegara a ese momento de máxima lucidez. El Madrid había sido el dueño absoluto del encuentro, quizá porque Manuel Pellegrini se decidió a poner a disposición del equipo todo el talento de sus jugadores. Formó un centro del campo en rombo con Xabi Alonso como único mediocentro, Granero a su derecha, Guti a la izquierda y Kaká en el vértice superior. En uno de los momentos más críticos de la temporada, con el riesgo de ver alejarse al Barcelona a ocho puntos, el Madrid decidió defenderse con la pelota, que es lo mismo que decir que salió decidido a mandar, convencido de que era el único camino para no perder el paso en esta Liga. Es cierto que al Madrid se le despejó el panorama con la actitud del Deportivo en el primer tiempo, cuando se mostró demasiado tímido y muy incómodo, quizá porque no esperaba ese arranque impetuoso del Madrid. El equipo de Lotina cometió el error de no presionar la salida del balón del Madrid, de dejarle pensar y ahí entregó, además de la iniciativa, el partido. En la segunda parte, cuando a Valerón se le vació el depósito y el Deportivo se convirtió en un conjunto más físico, el choque se equilibró algo. No fue más que un espejismo, ya era demasiado tarde para intentar hacer daño a un Madrid que, cuando vio alejarse a las musas y comenzó a faltarle el aire, tiró de oficio para asegurarse un triunfo que no lograba en Riazor desde 1992. Sólo se puso nervioso con un dudoso penalti de Ramos a Riki que este mismo transformó. Faltaban cinco minutos para el cierre, pero el Madrid se encargó de despejar las dudas y acabar con cualquier ilusión del Deportivo con otro gol. Guti, quién si no, dirigió la jugada, abrió a Arbeloa en la derecha y el pase de éste lo convirtió en gol Benzema. El segundo del francés, que esta vez sí estuvo en el papel que se espera de él. Le sigue faltando algo de continuidad en el juego, pero ese es un virus que afecta a todo el equipo. El inicio del Madrid fue magnífico, de lo mejor de este curso junto al encuentro contra el Valencia en Mestalla. Allí no estuvieron ni Kaká, que esta vez participó más en el juego, ni Cristiano. El portugués es junto a Messi el mejor del mundo, un futbolista importantísimo para el conjunto, pero da la impresión de que el equipo ha aprendido a sobrevivir sin él antes que quienes ocupan los despachos. Avisó Benzema con un tiro magnífico desde fuera del área al que respondió Aranzubia con una parada no menos brillante. Debió aplicarse a fondo el portero y salió airoso del trance. Nada tuvo que ver en los dos goles. El primero llegó cerca del cuarto de hora, cuando un error de Laure, que cabeceó hacia atrás, permitió a Granero marcar de cabeza. Lo volvió a intentar después Benzema y más adelante Raúl, y a los dos los frenó Aranzubia. Con el encuentro acercándose al descanso llegó esa genialidad de Guti que permite seguir ilusionándose al madridismo. En el segundo tiempo el juego del Madrid fue más deshilvanado y el Deportivo planteó algo más de batalla. Insuficiente para revertir la situación. Y es que quizá fue una lucha ficticia, que se produjo porque lo permitió el Madrid. Granero y Kaká aparecieron menos y al equipo le afectó en la creación. En defensa continuó viviendo con tranquilidad y no nos acordamos de Casillas hasta ese penalti que convirtió Riki. Ramos y Albiol formaron una excelente pareja en el centro de la zaga y solucionaron con solvencia cualquier amago de ataque. Bien secundados por Arbeloa, un futbolista que conoce como pocos el oficio de defender. Hasta Marcelo pasó inadvertido hasta ese penalti que nació por su banda. Nadie es perfecto y aunque este Madrid lució esta vez más que de costumbre, la perfección aún le queda muy lejana.


El Real Madrid Gana Pero Le Falta Fútbol

enero 25, 2010

Intentar descifrar con algo de lógica el juego del Real Madrid comienza a ser una misión casi imposible. Un diván y muchas sesiones de psicólogo deberían servir para realizar una primera aproximación si uno quiere ser profundo, minucioso y pretende no caer en la locura. Tenemos también otra variante, una explicación más simple, pero tan contundente como evidente: el Madrid tiene a Cristiano Ronaldo. A eso puede reducirse sin temor a equivocarnos el porqué el Madrid gana determinados partidos. Cuando el juego no aparecía, cuando el público se impacientaba, cuando el Málaga empezaba a creérselo emergió la figura de Cristiano para acabar con los pitos a cañonazos. Ese es su lado amable, pero también tuvo tiempo de mostrar su lado salvaje. Fue a falta de 20 minutos para el cierre, cuando decidió solucionar con un codazo los reiterados agarrones de Mtiliga, al que mandó con ese golpe a los vestuarios. Así es él, pero así no debería ser y alguien tendría que esforzarse por corregirle. Con acciones como esa, Cristiano da alimento a sus detractores, que siempre encontrarán excusas para censurarle. Sentadas las bases de lo que nunca debe hacer un profesional, centrémonos en su fútbol. Habrá quien diga que su juego no hace mejores a sus compañeros y hasta puede eclipsarles o molestarles su formar de comportarse sobre el campo, pero Cristiano consigue ganar partidos él solo, facultad reservada sólo a los elegidos. Esta vez tuvo la inestimable colaboración de Guti y sobre esa sociedad construyó el Madrid la victoria contra un ordenado y más que decente Málaga. El portugués firmó los dos tantos y en ambos tuvo una participación destacada Guti. Esperar ver continuidad en el juego del Real Madrid comienza a ser un acto de fe y quizá haya que renunciar a ello y mentalizarse de que al Bernabéu se va a ver otra cosa. Habrá que conformarse con detalles aislados y con ellos habrá que ilusionarse y sobrevivir. Hay crisis de espectáculo. Fueron tan elevadas las expectativas que se crearon, tanto el glamour que se vendió, tantos los millones de euros invertidos que ahora todo parece insuficiente. Saben a poco las aisladas galopadas que recuerdan que una vez Kaká fue el mejor del mundo, se esperaba celebrar más goles de Benzema, que quizá se los dejó olvidados en la mudanza a Madrid, se confiaba en un mayor criterio de Ramos en sus incorporaciones al ataque, se soñaba con que Pellegrini se atreviera, al menos en el Bernabéu, a entregar el mediocentro a Xabi Alonso, que tropieza una y otra vez con esa sombra que es Lass. Todo eso se esperaba y muy poco se ha visto. Pero siempre quedará Cristiano, quien acudió al rescate cuando más se empinaba el camino. El Madrid atravesó un desierto de media hora. Su juego era embarullado, un auténtico lío y sólo la calidad de sus jugadores permitía pensar que cuando pisaran el área todo sería posible. El Madrid no construye y sólo con pegada no podrá acabar siempre con la resistencia de los rivales. Sigue renunciando a las bandas, amontona gente en el centro del campo, por momentos sus futbolistas parecen estatuas, apenas se ofrecen al compañero y un poquito de orden es suficiente para desmontar el invento de este Madrid, que sólo parece feliz al contragolpe. El equipo acaba metido en un túnel a oscuras en el que sólo Cristiano parece saber dónde está el interruptor de la luz. Y es en estas situaciones cuando quedan al aire las deficiencias de Lass, al que se le puede elogiar su capacidad de sacrificio, su entrega y la perseverancia que demuestra cuando corre detrás de un balón o de un rival. La utilidad del francés acaba ahí. Xabi Alonso es capaz de hacer el mismo trabajo defensivo que él y además pierde menos balones, acostumbra a dárselos a un compañero. Guti apareció en la alineación para aportar algo de lucidez, visión de juego y pase entre líneas, virtudes que no abundan por el Bernabéu. Le costó aparecer, pero cuando lo hizo fue para decidir el encuentro junto a Cristiano. Superada la media hora conectó con Benzema, que tocó sobre Kaká, quien a su vez se la puso a Cristiano para que el portugués marcara. Una acción rápida, ejecutada al primer toque. Todo lo que no había hecho hasta entonces el Madrid. Apenas tres minutos después Guti le regaló un pase entre líneas a Cristiano, que desde el borde del área fusiló a Munúa. Un misil teledirigido. Otra vez Cristiano y otra vez un gran pase de Guti. Sus pases son geniales, magníficos, desequilibrantes, pero parecen todavía mejores por su excepcionalidad, porque el Bernabéu perdió hace tiempo la costumbre de ver cosas así con regularidad. El partido pareció acabar ahí y se adivinaba que todo lo que viniera después, como lo que sucedió antes, sería prescindible. Pero Cristiano se empeñó en acabar con la normalidad con ese mencionado codazo a Mtiliga. Fue una acción aislada en un partido tranquilo, al que en ese momento le invadía un sopor importante. Ya no estaba Guti sobre el campo, sustituido poco antes por Granero, y que se fue a los vestuarios con el público puesto en pie. En el descanso, Marcelo había ocupado el puesto del lesionado Garay, con lo que Ramos actuó todo el segundo tiempo como central. No hubo oportunidad de medir su rendimiento, porque el Málaga apenas atacó tras la reanudación. Su capacidad ofensiva se agotó en esa carambola que dio con el balón en el larguero de Casillas o ese ataque que obligó a Iker a un doble despeje de cabeza en el borde del área. Todo ello sucedió en la primera parte, cuando Cristiano todavía no había aparecido. Después surgió para firmar todo lo bueno y lo malo que se vio en un encuentro en el que se volvió a ver sobre el césped del Bernabéu a Raúl, sustituto al final del disperso Benzema. 


El Real Madrid gana bajo la nieve en el Bernabeú

enero 10, 2010

Higuaín guió al Madrid bajo la nieve, en un partido ártico que gobernó el equipo de Pellegrini sin demasiado gasto y en el que manseó más de lo previsto el Mallorca. El argentino se apuntó un gol en el comienzo de la primera mitad y regaló otro a Granero a vuelta de vestuario. Todo a bajo cero y sin emoción. La noche polar dejó, eso sí, dos lesiones más en el Madrid: Van der Vaart y Xabi Alonso.

Con cuatro delanteros, con tres o con dos y un mediapunta como ayer, el Madrid primero pega y luego pregunta. Ante el Mallorca volvió a entrar con un puñetazo en la mesa, de Higuaín, definitivamente un tapón para Benzema. El argentino salió escocido de Pamplona, donde derrochó la ocasión más potable del duelo. Esta noche, en condiciones meteorológicas más adversas y en posición menos clara, despachó un izquierdazo lejano y cruzado de salida inalcanzable para Aouate. Sus goles retratan bien su carrera: le va el viento de cara.

Alcanzado el fin, el Madrid cuidó entonces los medios, dominó al Mallorca y exhibió cierta suficiencia sin traducción aritmética. Cristiano estuvo en casi todo, menos en el remate. Perdió el 2-0 por controlar un gran envío de Arbeloa que aconsejaba un remate de primeras, pero activó el ataque blanco. También puso empeño Kaká, que volvía para recomponer su reputación y volver a meterle metros a Van der Vaart, un gran recambio y un buen competidor que dejará de serlo por un tiempo. Pellegrini le dio la razón cuando proclamó que era compatible con el brasileño pero la pareja se rompió cuando el gemelo izquierdo del holandés se rindió a los 18 minutos.

En cualquier caso, el Madrid se vio abocado al juego directo porque Xabi Alonso se perdió en la nevada, con una imprecisión desconocida en él, y sin el auxilio de Gago.

El Mallorca tuvo más ocasiones que juego. Es el máximo exponente de la ilógica del fútbol, donde el estado del bienestar no explica bien la clasificación. Compareció en el Bernabéu con ocho jugadores de la campaña pasada, buen resumen de una pretemporada casi dramática, con refuerzos baratos y cerrados sobre la bocina. Pero se ha movido bien en esa penuria económica hasta presentarse en Madrid en plaza de Champions. Mérito de su director de recursos humanos, Gregorio Manzano.

Sin embargo, fuera de Palma, el equipo ofrece menos alma. Presionó poco arriba y sólo el buen toque de Borja, Julio Álvarez y Castro le llevó tres veces ante Casillas con opciones de empate. Y allí se desmayo. Un cabezazo de Castro y un mano a mano mal resuelto por Julio Álvarez avisaron a la zaga del Madrid, en la que Garay sigue por encima de las previsiones más optimistas.

Anduvo más cerca del gol el Madrid, especialmente mientras estuvo Van der Vaart, pero se enredó en el último pase o directamente ante las narices de Aouate. Hasta allí llegó lanzado Kaká mediado el primer tiempo sin encontrar puerta. Aguantó el brasileño poco más de una hora sin mejoría espectacular, pero merece la pena esperarle.

Otro martillazo

Del descanso también regresó con el martillo el Madrid. Y volvió a empuñarlo Higuaín, que se deslizó bien sobre la nieve por la derecha y colocó una pelota en el segundo palo que Granero empalmó de volea con la izquierda a la red. Ese 2-0 hizo más cauto al Madrid y fue un mensaje descorazonador para el Mallorca. Uno y otro hecho le quitaron sal al partido.

Pellegrini le dio un rato a Benzema y Manzano quiso agitar el partido con Keita, cuya velocidad hace daño cuando decaen las energías. Dos maniobras insuficientes para devolver el vigor al choque. Higuaín no acertó ante Aouate dos veces en un solo minuto y Xabi Alonso se retiró lesionado, segunda mala noticia para el Madrid en la gélida noche. Eso permitió el regreso de Guti, un punto final a su largo castigo, que se inició el 27 de octubre cuando el ‘Alcorconazo’ le calentó la boca en exceso. Y el partido murió con un error clamoroso de Cristiano en boca de gol a pase de Higuaín. Siempre Higuaín. Bueno para el Madrid y desesperante para Benzema.