tecnologia del siglo xx

marzo 17, 2010

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Viaje a la luna

marzo 17, 2010

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casa google sketchup

marzo 16, 2010

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Dipity: Presidentes Españoles

marzo 13, 2010


El Real Madrid Gana Al Sevilla Y Se Pone Lider

marzo 7, 2010

El Madrid se acuesta líder después de un triunfo grandioso, trabajado río arriba durante un partido intenso, desafortunado, en el que regaló dos goles, estrelló tres palos, se enfrentó a un equipo sólido y a un gran portero, Palop, que cada año parece un poquito mejor. Frente a todo eso se superó, buscó y buscó y desató el delirio en su afición. El “¡Así, así, así gana el Madrid!” atronó al final en el Bernabéu, en el sentido inverso al que se le dio en Gijón, donde alumbró como grito crítico. Coreado en homenaje a un equipo grande, resistente a la derrota, que sabe exprimirse hasta el último gramo.

Hace unos días dijo Pellegrini con audacia que éste es el mejor Madrid en quince años. Ahora lo puede decir más seguro. Es un equipo que juega y es un equipo que lucha hasta el final. Llevamos años viendo las dos cosas por separado: la elegancia indolente de los galácticos o el fuego loco del ‘Clavo Ardiendo’, esa sucesión de tardes heroicas que nos dejaban aturdidos. Ahora hay un equipo que gana por fútbol y que, cuando eso no le alcanza, saca lo otro: el resto físico, el coraje, la constancia, la raza ganadora. Un Madrid que va cuajando y en el que merece la pena creer. Sólo me queda la duda de Kaká.

Y el Madrid es líder además porque el Barça no ganó. Lillo, inspirador del fútbol de Guardiola, tiene en su cajón también apuntes de Maguregui y tiró de ellos. Le ayudó el nerviosismo del Barça, al que le empiezan a gritar “¡Villarato!” y no le gusta. Ayer una cesión mal pitada desencadenó los demonios, que crecieron cuando la falta del primer gol, para mí falta real, sólo que hace tanto que no se pita una cama en ningún campo que nadie se acuerda. Ibrahimovic fue víctima de sí mismo, de un mal colega y de un mal linier. Guardiola acabó fuera y hablando de villarato. La conclusión del día es que uno crece y el otro mengua.

Cuando el partido se convierte en cuestión de orgullo, gana el Madrid; cuando se involucra el Bernabéu, gana el Madrid; cuando lo merece, cuando el rival se encierra, cuando ya no importa tanto el fútbol, ni la pizarra, cuando se desata la tormenta perfecta, la ciclogénesis explosiva. Entonces, gana el Madrid. Y cuando el Madrid gana de esa manera también suele ganar la Liga. Lo hemos visto antes. Un buen día, una buena noche que puede ser de perros, el equipo adquiere una confianza que es como un manto mágico. Desde ese instante todas las monedas caerán de su lado, todos los tréboles serán de cuatro hojas, cada boleto premiado. No invento nada. Ya lo hemos visto antes.

Quedará entre los pecados del Sevilla el haber despertado a la bestia. No había tenido noches así el Madrid. Sumaba puntos y goles para satisfacción del entrenador, pero le faltaban proezas y las hazañas verdaderas necesitan de un gran enemigo y de una gran adversidad. Hubo de cada cosa, si bien la grandeza del adversario duró poco más de 20 minutos, el tiempo de marcar un gol y disfrutar del desconcierto ajeno. Después el Sevilla se concentró únicamente en defender el resultado y hay que decir que en ese empeño tan poco romántico se conformó con todos los marcadores menos el último. De eso murió. Se puede ganar al Madrid jugando al fútbol, pero es imposible vencerlo en el Bernabéu jugando a que pase el tiempo.

Tras una irrupción deslumbrante, el Sevilla se encogió tanto que se desconectó de sus alas, que son su fuerza. Así nació el primer tanto, de una carrera de Navas y de un último pase de Capel que empujó, sin quererlo, Xabi Alonso.

Lo que siguió fue un boxeador que se pone en pie y escupe el golpe sacudiendo la cabeza. Y que vuelve a empezar de nuevo, uno-dos, uno-dos. Todavía no había ni gloria ni hazaña, pero se iniciaba el camino. Insistiendo, chocando y volviendo a chocar. Contra Palop.

En esos minutos del primer asedio Cristiano se empeñaba en hacerlo todo y no había quien le chistara. Daba la impresión de que no había nadie mejor para sacar los córners y cabecearlos, para empezar y terminar las jugadas, para asistirse y rematarse.

Cuando Dragutinovic consiguió el segundo gol por incomparecencia de Casillas la montaña alcanzó la altura de los milagros. Por allí trepó el Madrid. Con la autoridad moral de quien hizo más, con la compañía del estadio, con Cristiano, Guti e Higuaín. También con Ramos. El club de los corazones desbocados. Los hombres-lobo.

El arreón. Recortó Cristiano y nos invadió el deja-vú: lo habíamos visto antes. Guti disparó al larguero y acto seguido Ramos empató con celebración de dos rombos. Ya soplaba el huracán.

Fue el turno de Higuaín, tiburón de estos mares, olfateador de miedos. Estrelló dos balones en los palos que tuvieron el efecto de acelerar la ventisca. Lo demás fue un drama espléndido, un tiroteo.

El gol del triunfo lo marcó Van der Vaart aunque pudo ser cualquiera. La empujó el viento. Así ocurre: cuando el Madrid inclina el mundo todas las monedas caen de su lado. Suerte, dicen.


El Real Madrid Gana Con CR9 Lanzado

febrero 21, 2010

No hubo debate en el Santiago Bernabéu. No lo permitió Cristiano Ronaldo. El madridismo anda inquieto desde la derrota contra el Lyon en Champions, pero en la Liga, esas dudas las ahuyenta el portugués a base de goles, de golazos convertidos con esa pegada única y maravillosa, de velocísimas galopadas y de asistencias. El portugués sostiene al Real Madrid y todo lo que es o puede llegar a ser este equipo queda reducido a la inspiración de Cristiano, que marcó un gol y participó en otros cuatro. Así es y así parece que será. Él solo compensa el juego irregular, discontinuo y poco atractivo del conjunto que entrena Manuel Pellegrini, al que no se le adivinan dificultades para mantener el pulso al Barcelona en la Liga, pero que necesitará algo más para tener voz en Europa. En la Liga le alcanza con lo que hay, que no es poco: una defensa sólida, el equilibrio de Xabi Alonso en el centro y la efectividad en ataque. Sigue de cerca los movimientos del Barça, del que le separan dos puntos, una distancia insignificante si el rival no fuera el Barcelona. Pellegrini aplastó sin piedad a su pasado, aunque para hacerlo, su equipo se apoyó más en la pegada que en el juego.

Cristiano ilusiona a su afición con la misma facilidad que le desespera Kaká, que tiene destellos de la gran estrella que fue, pero que no logra dar continuidad a sus acciones. Son pinceladas aisladas, pequeños retazos de un genio que no logra pintar un cuadro completo. Kaká se mostró más participativo de inicio, pero en la zona equivocada, donde su influencia en el juego es nula. Se empeñó en bajar hasta el centro del campo para recibir el balón, maniobra con la que desnudó la mediapunta, la zona donde debe aparecer y hacer crecer al Madrid, y entorpeció los movimientos de Xabi Alonso, quien deber ser el encargado de iniciar la salida del balón. Un error táctico y de conceptos. Si el futbolista no lo ve, alguien debería mostrarle el camino. Es algo que se trabaja. Los dos goles que marcó sirven para engañar a la estadística, pero no para hacer olvidar la poca influencia que tiene en el juego. Convirtió el primero de penalti, después de un derribo tan claro como involuntario de Marcano a Higuaín, y el segundo se lo regaló Cristiano después de una acción individual. Los aplausos que le regaló el Bernabéu cuando fue sustituido por Raúl más parecieron un intento de elevarle la moral que un reconocimiento a su aportación.

De todas las dudas sobre el juego del Madrid, de todas esas divagaciones nos saca siempre Cristiano, un futbolista excepcional que suma 18 goles en 19 partidos con el Real Madrid, una cifra sideral. Contra el Villarreal nos volvió a regalar otro golazo de falta, convertido con esa pegada tan personal y tan trabajada. Porque con ese golpeo se nace, pero sin trabajo es imposible alcanzar la perfección lograda por Cristiano. Continuó exhibiéndose durante toda la noche y acabó con el primer intento de reacción del Villarreal al poco de comenzar el segundo tiempo. Pase magnífico de Arbeloa y galopada del portugués, que arrancó en posición correcta y puso un balón perfecto para que Higuaín firmara el tercer gol.

Con espacios, Cristiano es imparable y el Villarreal nunca supo negárselos. Se sintió cómodo el portugués como pocas veces desde que aterrizó en el Bernabéu. Con tiempo para pensar y sin nadie cerca ideó la jugada que dio origen al cuarto tanto del Madrid y segundo de Higuaín. Rompió la defensa rival con un pase entre líneas a Marcelo, que subió bien la banda para poner el balón justo donde aparecía Higuaín, quien ya sumá 14 tantos este curso.

La generosidad del portugués no tenía límites esta noche y aún tuvo tiempo para regalar un gol a Kaká y fabricar un penalti, cometido por Pires, que convirtió Xabi Alonso, quien se estrenó como goleador con el Madrid. Cristiano estuvo maravilloso, desequilibrante, letal en el disparo, generoso en el esfuerzo y con sus compañeros. Huyó del individualismo y puso su enorme potencial al servicio del equipo.

Con sus movimientos, Cristiano ejecutó al Villarreal y cerró definitivamente un encuentro que nunca consiguió abrir del todo el conjunto que entrena Garrido, que jugó buena parte del partido andando. Y nada le gusta más al Madrid que tener delante un rival así, manso y que trata bien el balón. La ventaja que tuvo el Villarreal es que algunos futbolistas del Madrid también se movieron andando. Reforzó Garrido el centro del campo con un trivote, esa maligna innovación táctica que alguien ideó para no dejar jugar al rival, sin calcular los efectos nocivos que provocan en el juego propio. Ni una cosa ni otra esta vez. Senna, Matilla y Bruno sufrieron para contener a los rivales y apenas generaron fútbol. Nunca conectaron con Marco Ruben, David Fuster, abiertos a izquierda y derecha, y Nilmar, aislado en ataque. Parecieron dos equipos en uno. Mejoró algo el equipo con los cambios, en especial con la entrada de Pires, que le dio ese toque y esa lucidez que no tuvo en el primer tiempo.

Los dos goles, el primero un golazo de falta de Senna, y el segundo convertido por Nilmar después una gran acción colectiva no pasaron de ser una anécdota para un equipo que este curso perdió muy pronto el paso y que en el Bernabéu pareció una sombra de lo que no hace mucho fue.

Aprovechó la comodidad del resultado Pellegrini para que disfrutaran de minutos Diarra, que ocupó el sitio del insustancial Lass, y Van der Vaart, quien reemplazó a Granero y fue recibido con una ovación. Ver para creer.


El Real Madrid Gana Con CR9 Y Kaká A Tope

febrero 14, 2010

Hay quien sólo quiere ver en él su lado menos agradable, ese espíritu indomable y chulesco con el que se maneja en ocasiones. Aunque no debe ignorarse ese perfil, sería muy injusto reparar sólo en ello y olvidar las enormes cualidades de quien es uno de los dos mejores jugadores del mundo, Cristiano Ronaldo, que volvió después de la sanción y dejó su firma en dos goles. Él solo no ganó el partido, pero por momentos pareció el único con interés y recursos suficientes para hacerlo. Siempre se ofrece, nunca se esconde y aporta más soluciones que problemas. Cuando el fútbol no aparece, al Real Madrid siempre le queda el recurso de agarrarse a Cristiano para que él solucione el problema. Así fue en Xerez, donde contó con la decisiva colaboración de Arbeloa, un profesional del fútbol, acostumbrado a destruir lo que crean los rivales y que esta vez fue protagonista en la portería rival. Suyo fue el primer gol, el que abrió el camino de una victoria que durante demasiados minutos se puso en duda. No fue el mejor día del Madrid, que tiró de pegada y de Cristiano para ganar al colista. Lo único de lo que puede presumir esta vez el Madrid es de haber sumado tres puntos. Nada más.

Dijo una vez el maestro Di Stéfano que jugar en un campo con el césped en mal estado tenía el mismo efecto sobre el juego que si llenáramos de alpiste una mesa de billar. En el campo del Xerez es imposible jugar al billar e intentar una carambola se convierte en una osadía irresponsable, casi imposible de ejecutar. El pésimo estado del césped, donde había césped, condicionó a los dos equipos, pero más que a nadie al Real Madrid, nada acostumbrado a lucir su glamour en semejante patatal. Produce sonrojo que en la que se dice mejor liga del mundo se tenga que disputar un partido en un terreno que más parecía de cultivo que un campo de fútbol. Cristiano y Momo fueron de los que más sufrieron las consecuencias.

Puestos en situación del escenario en el que se celebró el choque hay que decir que el Real Madrid jugó mal, mostró su versión más gris y anodina. La coartada del campo no debe servir para justificar tan pobre imagen, un ritmo de juego tan bajo y una falta de continuidad tan grande. Es cierto que elaborar juego era muy complicado, pero a un equipo como el Madrid se le suponen, y se le deben exigir, imaginación y recursos suficientes para sobreponerse a las adversidades. Cuando se mide a un rival ordenado, que se cierra mucho y bien y que le niega los espacios, al Madrid se le hace de noche. Se empeña en jugar por el centro, apenas se acuerda de las bandas y hace de los balones colgados su principal recurso ofensivo. Un recurso de equipo pequeño.

La otra opción es dar el balón a Cristiano y dejar que el portugués gane la batalla. En esta lucha contra el mundo, Cristiano se mostró desquiciado por momentos, sufriendo más que nadie la impotencia del equipo. Lo intentó por tierra y por aire, con el pie y con la cabeza, pero todos los intentos fueron igual de infructuosos hasta que a falta de 20 minutos conectó un potente y preciso cabezazo a pase de Kaká para firmar el segundo gol del Madrid. En ese remate dejó Cristiano todo un manual de cómo se remata, cómo se gana la espalda a un rival y cómo se debe atacar un balón. Él nunca espera la pelota, siempre va en su busca. Dos minutos después consiguió el tercero, también a pase de Kaká. Un tiro sencillo con el portero fuera de su sitio.

Pero quien primero descubrió el camino hacia el gol fue Arbeloa, quien sólo unos minutos antes batió a Renan en un mano a mano después de una acción rápida, un latigazo aislado en medio del sopor general. Entre ese gol y el tercero apenas transcurrieron siete minutos, 420 segundos en los que el Madrid solucionó un partido feísimo, para olvidar.

Antes hubo el habitual espacio para la polémica, con tres penaltis que reclamó el Madrid, uno muy claro, otro dudoso y un tercero inexistente. Peor aún que el partido estuvo el árbitro, Turienzo Álvarez, que no supo estar a la altura. A los 24 minutos se le reclamó un penalti por derribo de Redondo a Granero, una acción dudosa. Ninguna duda dejó el manotazo que dio Aythami siete minutos después de la reanudación. En una falta sacada por Granero, el central del Xerez levantó el brazo de forma tan absurda como evidente. Un penalti claro que Turienzo mandó al limbo. Se discutía todavía sobre esa acción cuando Higuaín reclamó un penalti por mano de Casado, una acción totalmente involuntaria.

Reducir a esas acciones la incapacidad del Madrid para superar al Xerez sería ignorar la realidad, pero tampoco se debe negar que si el Madrid quiere quejarse encontrará motivos para hacerlo.

Con todo solucionado, con las jugadas polémicas convertidas en anécdota por los tres goles que llegaron después, Manuel Pellegrini dio descanso a Xabi Alonso y Kaká, muy grises toda la noche, y concedió minutos a Diarra y Drenthe, que se quedó a un pase de celebrar el cuarto con un tiro a pase de tacón de Cristiano que sacó Redondo en la misma línea. Antes, cuando el equipo todavía celebraba el gol de Arbeloa, Raúl sustituyó a Higuaín, que estuvo tan discreto como todo el equipo. No todos los días uno se puede vestir el uniforme de héroe.